lunes, 5 de octubre de 2009

Tema polémico: Costa Rica es alérgica al orden espontáneo


Desde nuestra fundación, en ASOJOD hemos venido denunciando que en Costa Rica hay una alergia o una repulsión al concepto de orden espontáneo que brillantemente expuso Hayek. Vivimos en una sociedad que tiene la patológica necesidad de planificar cada movimiento, acción e interacción.

En reiteradas ocasiones, vemos como la frase "por la libre" se utiliza para referir a un descontrol, a una desregulación o a un problema que amerita la intervención del Estado, operado por una serie de funcionarios que están por encima del bien y del mal, característica que les permite dirimir los conflictos y encontrar la solución angelical a cualquier situación. Lo hemos visto con la producción, cuando los consumidores, libremente, deciden no adquirir un bien, lo cual genera la quiebra de un grupo de productores y, consecuentemente, motiva la intervención del Estado mediante subsidios, pues no puede dejarse "a la libre" la cuestión.

En el caso de la seguridad, tenemos el mismo problema. Dado que nuestros políticos han tendido a dispersar su campo de acción, forma educada de decir que han metido las narices en todo lado, el Estado costarricense ha descuidado su única función legítima: la seguridad. De ahí que, desde hace años, los individuos han procurado el resguardo de su vida y propiedad contratando servicios privados, pero esa actividad, como no puede dejarse "a la libre" ha tenido que ser regulada de alguna manera. Lo mismo ocurre en educación, salud, empresarialismo y cualquier otra actividad humana en nuestro país.

Esto, sin duda alguna, representa un serio problema en todo el sentido de la palabra. A nivel cultural y político, el miedo a la libertad que albergan los costarricenses se convierte en un cheque en blanco para que unos decidan por otros, para que unos utilicen a otros para conseguir sus fines, para que unos impongan y pisoteen. Es la puerta de entrada para la esclavitud de la mente, el momento cúspide de cualquier totalitarismo.

A nivel económico, obstaculizar que los individuos alcancen acuerdos voluntarios y actuén en consecuencia, genera terribles consecuencias. Se crea el incentivo perverso de que estos, al no permitírseles hacer las cosas por sí mismos, esperarán que otros las hagan por ellos. Ello genera una sociedad de free riders, individuos oportunistas a la espera de ver una víctima a la cuál puedan pegársele, cual rémoras, para obtener sus objetivos.

Pero además, aplasta la iniciativa y la innovación. Ejemplos claros de eso lo vemos en Costa Rica día con día, cuando nuestro Estado obstaculiza el empresarialismo. Tiempo atrás, cuando el cantón de Tibás sufría por la ineficiencia municipal en la recolección de basura, un hombre desempleado tuvo una maravillosa idea: con su camión, contrató a un par de muchachos y se dedicó a recoger basura a cambio de lo que los vecinos tuvieran a bien pagarle. Ambas partes se beneficiaban: los vecinos solucionaban el problema de la acumulación de basura y pestes, mientras que los recolectores recibían un ingreso para aportar a sus familias. No obstante, la Municipalidad de Tibas, por el miedo a dejar esa actividad "a la libre", impidió a los recolectores continuar con su actividad sino contaban con una patente y pagaban impuestos.

Más recientemente, ocurrió un caso con el ferrocarril: un hotelero de Barrio Otoya, preocupado por la pitoreta del tren que molestaba a sus inquilinos, contrató a un par de personas para que alertaran sobre el paso del tren y este no tuviera que hacer ruido. Tanto el INCOFER como los pasajeros del tren y los conductores de vehículos se beneficiaban al evitar choques, el hotelero conseguía el confort de su clientela y los trabajadores recibían un ingreso extra por avisar. Empero, el Director de la Policía de Tránsito, dijo que esa medida es inadecuada porque "no hay norma que la asista", olvidando incluso que el principio de autonomía de la voluntad consagrado en la Constitución Política, claramente establece que los individuos son libres de hacer lo que no les prohiba la ley. Una vez más, rechazo a que las personas, libre y voluntariamente, desarrollen sus actividades.

Ejemplos como estos abundan y podríamos plasmarlos en este Tema polémico, pero con el problema de convertir esto en un texto infinito. Los que explicamos, prueban perfectamente nuestro punto y sirven para advertir el gran peligro que representa la patológica necesidad de planificación, control y regulación que albergan casi todos los costarricenses en sus cabezas. El paso para que pasemos de un sistema como el actual a uno donde las fugas de la libertad sean cada vez más grande, es muy pequeño, por lo cual, en ASOJOD queremos hacer una advertencia para que las personas reflexionen sobre esto.

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