Hay decisiones públicas que de modo directo nos empobrecen a
todos. No hay cómo discutir ni justificar, sencillamente el poder
escoge por todos, decide por todos y al final todos nos empobrecemos.
Así es el caso de la información generada por el diario digital CRHOY,
que enlista los temas de la trocha mocha, la refinería china y la
innegable estulticia con que se decidió romper el contrato para
construcción de la carretera a San Ramón.
La suma de todas
estas decisiones nos pone a pagar a todos aproximadamente 200 millones
de dólares a cambio de nada. Una trocha deshecha, unos estudios mal
hecho por Recope y un rompimiento contractual desesperado y presionado.
Cuando hablamos de los bienes públicos como bienes de difuntos, nos referimos a casos como los descritos.
Muchos funcionarios públicos no entienden la gravedad de sus funciones y responsabilidades. Festinan los bienes públicos, desperdician el tiempo de las instituciones, hacen con lo público lo que no harían con lo propio. En el Derecho privado existe una expresión certera, que describe el empeño que debe ponerse en la administración de los bienes ajenos (por ejemplo, cargos de administración en sociedades o empresas, sucesiones, poderes, encargos, bienes de menores y demás casos). Tal expresión se recita como la diligencia o el cuidado de un buen padre de familia.
Muchos funcionarios públicos no entienden la gravedad de sus funciones y responsabilidades. Festinan los bienes públicos, desperdician el tiempo de las instituciones, hacen con lo público lo que no harían con lo propio. En el Derecho privado existe una expresión certera, que describe el empeño que debe ponerse en la administración de los bienes ajenos (por ejemplo, cargos de administración en sociedades o empresas, sucesiones, poderes, encargos, bienes de menores y demás casos). Tal expresión se recita como la diligencia o el cuidado de un buen padre de familia.
Pues bien, en el sector público, en la función
pública, con los conceptos de Derecho público (principio de legalidad,
probidad, transparencia y demás conceptos) se entiende que la diligencia
y esmero deben superar en mucho el celo de un buen padre de familia.
No se trata de bienes privados sino de bienes públicos, logrados a base
de impuestos (tributos pagados por los ciudadanos) y demás esfuerzos
colectivos. Arrebatados a los ciudadanos y habitantes de un país bajo
el pretexto de bien común. Entendidos como ingresos necesarios para
lograr los cometidos públicos. Sometidos a las reglas inequívocas de la
técnica jurídica, la administración, la ciencia y razón para su mejor
asignación.
Pero ello, de verdad, no sucede así casi
nunca. Impera el capricho, la desidia, la corrupción, la
burocratización, gollerías, privilegios y demás desvíos (incluyendo la
institucionalización de los medios privilegiándose sobre los fines).
Lo triste es que los recursos se pierden, se administran mal, se desvían, se contratan irregularmente. Los casos descritos son ejemplo indubitable pero … no son sino una parte. La descubierta, la indiscutible, la formada por partida mayúsculas.
Lo triste es que los recursos se pierden, se administran mal, se desvían, se contratan irregularmente. Los casos descritos son ejemplo indubitable pero … no son sino una parte. La descubierta, la indiscutible, la formada por partida mayúsculas.
Pero no están largo de ello la chabacanería, la corrupción, la burocratización, el amiguismo y el clientelismo.
La
desviación del poder y la desviación de recursos. Cuando la policía
ejerce brutalidad, cuando la policía usa el tiempo y el vehículo público
para ir al salón de belleza, cuando se dan recomendaciones indebidas,
cuando no se respeta el tiempo ni los derechos de los administrados.
Cuando hay miedo de tomar decisiones para aprobar permisos. Cuando ni
siquiera se reconoce el silencio positivo. Cuando no se paga en tiempo
una indemnización debida (como por ejemplo, la aprobada por los
tribunales de justicia a la entidad supervisora que fue injustamente
removida de las obras de la carretera a Caldera, porque no cohonestaba
lo que malo que se hacía).
La autoridad Supervisora de
Pensiones ha objetado los gastos de la CCSS en relación con los fondos
del seguro de Invalidez, Vejez y Muerte. ¿Qué habría pasado si no
existiera la indicada supervisión?
Hace unos meses una auditoría reveló serias irregularidades (desvíos o uso indebido de los fondos)
en relación con los dineros de ahorro y préstamo que se manejan en el
INVU. ¿Acaso ello no es dilapidar, festinar y maladministrar bienes
ajenos?
La lista es interminable. Así como se dice que
“el tiempo perdido hasta los santos lo lloran” la verdad es que la
abulia, la desidia y la falta de diligencia en el uso de los
insuficientes fondos públicos es algo más serio y grave. Es un
verdadero pecado. Hasta Jesús fustigó, en la parábola de los talentos,
la administración ineficiente del dinero administrado. Por ello es
imperdonable que hace un tiempo se detectaran irregularidades e inacción inaceptables en aproximadamente dos mil quinientos millones de colones en manos de Juntas de Educación.
Podemos
seguir con otro tipo de situaciones como, por ejemplo, los manejos
portuarios en el Atlántico y la incidencia de sindicatos y convenciones
mal acordadas, las gollerías de Recope (sus efectos en el tema de
energía y cómo afecta a todos los consumidores), los manejos del ICE (
telefonía y electricidad más cara) y seguir con la interminable lista.
Estos
comentarios surgen a raíz del rito cuatrienal de promesas y
ofrecimientos irracionales de la mayor parte de los candidatos a la
presidencia. Es triste observar cómo se rajan y compiten por ofrecer
más y más de los demás y menos y menos de cada uno. Casi ninguno habla
de poner al Estado en cintura, garantizar oportunidades y posibilidades
de asumir vida y destino, determinar un estado jurídico que garantice el
trabajo y los recursos de cada cual y la posibilidad de construirse la
vida. No, desdichadamente se compite por poner impuestos, ofrecer lo de
los demás, inventar fantasmas para derribarlos con más tributación,
coacción y obligaciones devenidas de más legislación y convencer a
muchos de que la pobreza y la ruina se quitarán quitándole a los
otros.
A final de cuentas, pondrán más burocracia, más
legislación, nos arruinan más y recibiremos menos obra y acción de una
burocracia empoderada. La misma trampa de la demagogia y el
clientelismo político. La verdad es que quienes caen en ello son
cómplices de la corrupción, el endeudamiento y la pobreza.
Federico Malavassi Calvo

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