martes, 15 de julio de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: ante el fallecimiento de Gary Becker

A menos que Usted sea un economista profesional, y con cierto grado de preparación, posiblemente la pregunta lógica es, ¿quién fue Gary Becker?  Dado que hoy en día, tanta gente tiene acceso a Internet, será fácil encontrar la biografía de este economista, recién fallecido el pasado 3 de mayo, en la ciudad en donde fue profesor de economía por mucho tiempo, la prestigiosa Escuela de Economía de la Universidad de Chicago.

Antes de desarrollar mi comentario, debo agradecer al colega Gilberto Arce, quien, al publicar en La Nación del 11 de julio su artículo “Adiós al nobel de la microeconomía”, no sólo me permitió saber del fallecimiento del profesor Becker, sino que hizo un excelente resumen de la obra que en el campo económico llevó a cabo el Premio Nobel en Economía. Aconsejo, tanto a conocedores como a interesados en conocer la obra de Gary Becker, que lean el artículo de Gilberto Arce en La Nación del 11 de julio en este link. Estoy seguro de que se beneficiarán con el conocimiento de la importante actividad intelectual del profesor Becker, el cual cubrió una enorme gama de temas de interés, no sólo para economistas, sino también para especialistas del derecho, criminología, derechos humanos, impuestos, filosofía, religión, demografía, sistemas económicos, educación, sociología, drogas, ciencias políticas, entre otras y diversas áreas. 

Si algún día se afirma que la disciplina de la economía es “imperialista”, por el aporte que esa especialidad del conocimiento humano le ha dado a otras ramas similarmente relacionadas con el saber, no tengo dudas de que Gary Becker fue uno de los capitanes de ese enorme aporte intelectual. Su trabajo cubre una perspectiva que va mucho más allá de la estrictamente restringida a lo que se conoce como Economía, área que también se enriqueció enormemente con sus aportes, principalmente en el campo microeconómico, sino que también lo hizo notablemente en otras disciplinas, las que tal vez con anterioridad habían recibido pocos insumos provenientes de la primera.

De mi vida profesional, como estudiante de Economía, recuerdo con enorme aprecio un artículo que el profesor Becker escribió allá por el año 1968, acerca del tema del crimen y el castigo (“Crime and Punishment: An Economic Approach.” Journal of Political Economy 76, no. 2). Dicha obra impulsó ideas que he expresado con frecuencia en el país, a fin de que el problema de la criminalidad sea entendido, no sólo como una simple relación ante una legislación debidamente establecida y la violación de la esa ley, sino por la importancia que tienen los costos del delito en todo el proceso criminal, costos que surgen a partir de las probabilidades de que un delito sea reportado ante la autoridad correspondiente, de que se logre la captura del delincuente, de que sea llevado a juicio y que se le condene, si es el caso. Porque todo esto se deriva de una relación bien definida entre el crimen o delito y el castigo (o la probabilidad de que se llegue a castigar). Para Becker, la decisión de cometer un crimen es función de sus costos y beneficios, de manera que la forma de reducir la criminalidad es aumentando los costos de su comisión, mediante un aumento de la probabilidad de que la pena se llegue a aplicar y de que su severidad sea incrementada.

Asimismo, recuerdo con aprecio otro excelente trabajo del doctor Becker, The Economics of Discrimination, que escribió en 1971 y que muestra, entre otras cosas, que la discriminación implica un costo tanto para quien la sufre como para quien la ejercita y que la competencia es la que mejor puede atacar la indeseable conducta discriminatoria que se ejerce en los mercados. Al constituir la discriminación un costo para quien la practique –digamos que una empresa cualquiera- al ponerla en práctica la firma tenderá a ser menos eficiente y, por ende, a tener peores resultados en los mercados competitivos e incluso hasta llegar a desaparecer. Por contraste, si no hay competencia, como bajo un monopolio, la protección que tiene éste ante otros competidores potenciales, le permite discriminar sin tener que sujetarse al riesgo de una quiebra. La competencia es así la gran aliada en la lucha en contra de la discriminación de las personas. 

Yo suelo aplicar esta idea de Becker a la discriminación que puede aplicar un estado socialista (por definición, monopsonista; esto es, el estado como único comprador o contratista de mano de obra), en contraste con lo que sucede bajo un orden de mercado competitivo, en el cual, si una empresa discrimina, tiene costos por ello y eso afecta su rentabilidad competitiva.  En cambio, el estado monopsonista no tiene nada que temer (posiblemente con excepción del desprecio de los ciudadanos). En tanto que en un mercado libre los afectados por ella son protegidos de la discriminación, esa conducta de parte del estado, por contraste, no es económicamente castigada. No hay, en esta segunda situación, razón, excepto tal vez moral o política, que refrene las posibilidades de un estado para ejercitar la discriminación.

Hay muchas otras obras de Gary Becker en el riguroso campo académico de la Economía; por ejemplo, su trabajo sobre el Capital Humano (1964) o acerca de la economía de la familia (Un Tratado acerca de la Familia, 1981 y 1991), así como sobre la asignación del tiempo como un recurso escaso (“Una Teoría acerca de la Asignación del Tiempo”, escrito en 1965), pero mi favorito es una obra muy sencillamente escrita, la cual recoge una serie de pequeños comentarios, en lo que él denominó como ese camino “de la torre de marfil a columnista”. Dicho libro se titula The Economics of Life, uno de sus últimos, escrito en 1997, con la colaboración de su esposa Guity Nashat Becker. Me encanta lo que describe el subtítulo de esa obra: “Desde el Beisbol pasando por la Acción Afirmativa (del gobierno de los Estados Unidos) hasta la Inmigración, Cómo es que los Asuntos del Mundo Real Afectan Nuestras Vidas Cotidianas.”

Gary Becker fue honrado en 1992 con el Premio Nobel en Economía “por haber extendido el dominio del análisis microeconómico a una amplia gama de comportamiento e interacción humanas, incluyendo el comportamiento fuera de los mercados,” como reza el pronunciamiento del Comité Nobel, cuando le otorgó dicho premio. También por muchos años fue miembro destacado en la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, en California, y recibió la Medalla Presidencial de los Estados Unidos a la Libertad en el 2007. Como un gran y activo liberal que fue, formó parte por muchos años de la Sociedad Mont Pelerin y fue su presidente durante los años 1990 y 1992. Que descanse en paz el profesor Gary S. Becker (1930-2014).

Jorge Corrales Quesada

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