Durante la campaña política se nos presentó una imagen un tanto distorsionada
del “Presi”. Se nos decía que era un gran académico, un tipo serio, que conocía
los problemas del país, y que tenía las soluciones adecuadas para resolverlos.
Al día de hoy sabemos que nada de esto era cierto. Con tan sólo
tres meses de (des)Gobierno, nos hemos percatado que el “Presi” es sólo imagen,
y poca sustancia. Sus acciones más importantes no han pasado de ser un
simbolismo absolutamente hueco: a) la corta de árboles de Casa Presidencial,
b) izar la bandera de la diversidad,
c) salir a saludar a los vecinos de zapote ,
d) celebrar en el Puente de la Hispanidad los triunfos de la Sele,
y e) su último gran gazapo: hacerse pasar por el Profesor Jirafales en el programade 7 Días.
A contrario sensu, lo que verdaderamente importa: las políticas
públicas, no aparecen por ningún lado. Su Ministro estrella –Melvin Jiménez-
llegó incluso a indicar que desconocían que el Gobierno de la República no eraquien fijaba las tarifas de los servicios públicos.
Igualmente, después de perjurar en campaña que tenía las soluciones para atacar
nuestros problemas energéticos, ahora resulta que requiere conformar unacomisión que estudie este tema por los próximos 18 meses,
¿no era que el Presi se las sabía todas? Así, los problemas medulares de
nuestro país se encuentran totalmente abandonados, ya que pareciera que el
verdadero oficio del “Presi” son los selfies, los tweets, y el autobombo de las
redes sociales.
La figura de Luis Guillermo Solís presenta muchas analogías con la
de Barack Obama. Ambos candidatos accedieron a la presidencia a través de una
plataforma de cambio (¿qué cambio?), y sobre todo gracias a un manejo intensivo
de las redes sociales. Ya han pasado seis años con la Presidencia de Obama, y
lo único cierto es que sus grandes promesas resultaron ser absolutamente falsas
(cierre de Guantánamo, respeto a los derechos y libertades civiles, control del
déficit, crecimiento de la economía, etc). Sospechamos que algo muy similar
ocurrirá con el gobierno del “Presi”.
Ahora bien, toda este circo en el que se encuentra inmerso nuestro
país, no se lo podemos achacar únicamente a los payasos que montan el
espectáculo, sino que principalmente es culpa de los espectadores que fielmente
pagan la entrada de cada función, es decir, del electorado incauto que
pareciera que nunca es capaz de darse cuenta cuando el “rey está desnudo”.
Este fenómeno político, nos parece que puede ser explicado
culturalmente. El presente año un columnista y comentarista norteamericano
llamado Greg Gutffeld, publicó su libro “Not Cool”.
En el mismo intenta explicar como hoy en día los juicios de valor de “bueno” o
“malo” han sido sustituidos por determinar si algo es “cool” o no, lo que
importa es la superficie, la apariencia, no la sustancia. Tropicalizando esta
afirmación, podríamos decir que a nuestros electores lo que les interesa es si
el candidato de turno es “pura vida” o no,
¡que importan sus políticas públicas! Nos encontramos como bien dice
Vargas Llosa en la civilización del espectáculo,
por ello nuestra política cada vez se parece más a un reality show.
Sin duda alguna el panorama en estos primeros tres meses de
Gobierno no resulta nada alentador. Es necesario que se haga un viraje de
ciento ochenta grados en el rumbo que lleva esta administración. Al día de hoy
no se conoce ningún pueblo que alcanzara el desarrollo a través de “posts,
selfies y tweets”.

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