martes, 14 de mayo de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: sigue el desmandado gasto público

No sólo el actual gobierno, sino también muchos de los partidos potenciales gobernantes a partir del 2014, ya nos anuncian nuevos y mayores impuestos, a fin de sufragar un invariable déficit del sector público, de alrededor de un 5% del PIB.  Ello a pesar de que la presidenta de la República, Laura Chinchilla, dijo, en una entrevista que la cadena televisiva de negocios Fox le realizó en su visita a Davos, Suiza, que “el problema fiscal de Costa Rica ya estaba contenido” (we can say that we have contained the fiscal problem of Costa Rica). Si ya se ha frenado el problema fiscal, entonces, la única razón por la cual ella misma nos ha hablado acerca de la necesidad de poner más impuestos (y secundada en ello por la mayoría de los políticos criollos), es porque desea aumentar la gastadera gubernamental. Por supuesto, una gastadera pública que sería financiada con los ingresos que todos hemos obtenido con grandes esfuerzos.

Tengo serias dudas de que el derroche de gasto gubernamental se haya contenido. Recientemente he escrito un par de artículos, dando ejemplos de ello. Ahora viene un tercero sobre nuevos casos y aún espero el día en que me quede sin materia como esta, para poder escribir mis comentarios.

Primero: Son escandalosos los salarios que se pagan a los altos funcionarios de una entidad que, en un mercado competitivo, posiblemente ya se hubiera acogido a la quiebra.  Me refiero a RACSA, que tan sólo en el año pasado tuvo ¢8.500 millones de pérdidas. Según el enquistado Jefe de Prensa de RACSA, esos datos de salarios son confidenciales. Pero los confirma ante el público una información emitida en Noticias Repretel, con datos provenientes de otras fuentes internas de RACSA. El gerente de esa entidad recibió en el 2011 un sueldo mensual de ¢9.2 millones de colones (y, me imagino, que además hay otros privilegios adicionales como vehículo, gasolina y chofer, que es lo usual, pero que no se indicó en la información citada). También la secretaria de la Junta Directiva de RACSA percibió un sueldillo mensual de ¢3.1 millones. En total, en esa entidad los 30 sueldos más altos significan la “bicoca”, para algunos, de ¢117 millones al mes.  Y eso que RACSA está casi lista.

Segundo: Para celebrar la enorme labor desplegada por nuestros distinguidos diputados, a partir del 1 de mayo de este año tendrán un ligero aumentito mensual de ¢163.113. Recuerden -¿no era que estaba prohibido legislar en beneficio propio?- que en el pasado esos mismos diputados se recetaron un incremento del 5% de sus salarios, cada seis meses. Ahora su exiguo salario mensual es de tan sólo ¢3.262.765. Por eso no debe extrañarnos que tanto farsante ande hoy desaforadamente promoviéndose como candidato a diputado, para las elecciones venideras. Hay incluso algunos que quieren dar el salto desde una chupeta pública que hoy disfrutan, hacia otra similar de jugosa. Además de ese sencillo emolumento, el diputado recibe 500 litros de combustible al mes; esto significa un adicional de ¢383.500 mensuales. 

En los últimos dos años, el sueldo de los asambleístas ha aumentado un 28%, en tanto que, en ese mismo lapso, la inflación, medida por el crecimiento en el índice de precios al consumidor, ha crecido en aproximadamente un 11%. Por ello, ni pregunten por el aumento en los salarios de los trabajadores costarricenses.

Tercero: Una vez más se desnuda el óleo (u “olio” como lo pronuncia el tico) que se da en ARESEP con los fondos de los costarricenses.  Resulta que el anterior regulador - ojalá ya olvidado por nosotros, mas no por la justicia- nombró a Rodolfo González, a quien antes se había contratado como consultor de esa entidad, como gerente general tan sólo 22 días antes de que terminara el gobierno de Oscar Arias, en el 2010. Como quien dice, se trató de una herencia en ese puesto, de forma que, quien le sucediera como regulador, tuviera que pagarle un platal como compensación, si es que no aceptaba dicho nombramiento, hecho por cinco años (en el lenguaje administrativo, a esto se le llama una pastilla de veneno).

Pues bien, ahora la nueva administración de ARESEP hace una restructuración administrativa, en la que desaparece el puesto de gerente general, para lo cual tendrá que desembolsar la “ganga” de ¢154 millones al señor González (¢107.8 millones en sueldos caídos y ¢45.9 millones en prestaciones legales). Claro, uno nunca sabe si es un castigo, un pago justificado o un premio. Pero el hecho que seremos nosotros, quienes con impuestos y tarifas sufragamos el dispendioso gasto gubernamental, los que tendremos que desembolsar esa piltrafa de coloncillos. Una “pastilla de veneno” que para alguien se trocó en un dulcecito. Esos ¢154 millones deberían ser cobrados al regulador que heredó esa fortuna nuestra.

De paso, la gran reforma que propone la nueva administración de ARESEP, significará, tan sólo en plazas nuevas, la ridícula suma estimada de ¢214.9 millones. Eso tampoco parece importar, pues los dirigentes de esa institución no son los Paganinis, sino que lo seremos todos nosotros.

Cuarto y último: En algún lado se mencionó que pronto se iniciaría la requetemachacona reparación de la platina.  Se dijo que esta vez podría costar unos cinco millones de dólares. No voy a decir más, porque no lo creo.  Por ello, ruego que alguien haga el cálculo, y se lo haga conocer al público, de cuánto se ha gastado en reparaciones a esa platina, de cuánto se ha girado a los constructores o reparadores y de cuánto está en litigio por incumplimientos en la ejecución de la reparación, así como de cuánto ha sido el costo por esas reparaciones, en lo que se refiere al tiempo perdido en presas y un mayor gasto de gasolina, entre otros, como llegar tarde a los lugares de trabajos y a citas personales. Pero también que se nos diga en cuanto se estima el verdadero costo de la nueva y prometida última (¿?) reparación por llevar a cabo.

Jorge Corrales Quesada

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