miércoles, 1 de mayo de 2013

Desde la tribuna: gobernabilidad y bipartidismo

A raíz de la elección del Directorio de la Asamblea Legislativa el día de hoy, han surgido múltiples informaciones y opiniones en relación con el funcionamiento de la Asamblea Legislativa.

Por supuesto que el oficialismo y sus ad láteres han salido a clamar por la “gobernabilidad” e, incluso, por el bipartidismo. ¿Qué otra cosa podía esperarse de ellos? Les molesta la oposición, les molesta el control político, les molesta la discusión, les exaspera tener que dar cuentas, les saca de casillas la deliberación y, por supuesto, añoran los viejos tiempos (ley 4-3, ley de presidencias ejecutivas, ley Vesco, pasar el préstamo finlandés en un día y todo aquello que hacían en la comodidad del cogobierno).

Es obvio que quieren algo así como un partido de fútbol con ventaja, tal vez sin sudarse, por supuesto que con el árbitro a su favor, tal vez con el portero del otro equipo expulsado, con un adversario facilón y que se deje comprar por unos viajecitos, algún nombramiento y otras facilidades. ¡Qué bellos tiempos los de antes!

¡Cuántas veces me proponían que hablara 5 minutos en contra y dejara votar de una vez! “Es el respeto a las mayorías”, me decían. “Retirá tus objeciones” –me insistían. “¡Dejanos gobernar!”, remachaban. Por supuesto que no me rendí: la idea del debate parlamentario es convencer, deliberar, que trasciendan los argumentos y la gente entienda lo que está pasando. No se trata únicamente de dejar puesto el punto de vista.

El conspicuo liberacionista Villanueva Monge celebra el período del presidente legislativo Granados: “… se retomó la gobernabilidad, hubo más coordinación con el Ejecutivo …”. 

La Nación destaca “… avance en impuestos y agro”, “… más de 30.000 educadores se beneficiaron de la reforma al artículo 70 de la Ley de Pensiones …”, incluso (¡cosas veredes!) “la ley contra los delitos informáticos” (¡sí, claro, la “ley mordaza”). No es de extrañar que luego, el mismo diario, señalara que la caída del bipartidismo también ha significado la caída del prestigio de la Asamblea Legislativa.

Entonces ¿”gobernabilidad” significa “poner más impuestos”, quitar la generalidad de los tributos, beneficiar en pensiones con cargo al presupuesto a un grupo (en perjuicio de los demás) y aprobar la “ley mordaza”?

Véase que, encima, se menciona sin sonrojo la “coordinación con el Ejecutivo”. Un nuevo concepto de Derecho Constitucional, que en la división de poderes institucionalizaba el sistema de frenos y contrapesos.

¡Cómo extraño un periodismo crítico! Que recuerde que la concentración de poder lleva a la corrupción, que sepa leer entre líneas, que no confunda al lector ni lo enrede sugiriéndole que la labor de una Asamblea Legislativa debe medirse por la cantidad de leyes que se aprueban, por el avance en impuestos, por la legislación en favor de grupos y por la “ley mordaza”.
 
Me parece elemental destacar que en todo ello coinciden también los notables y el mismísimo Poder Ejecutivo. El informe de los notables menciona la ingobernabilidad como un fenómeno que surge a partir de 1990 (la Sala Constitucional). La Sala Constitucional, en 1991, anuló la deuda política adelantada, por inconstitucional, señalando además que la Constitución favorece un sistema pluralista y no el bipartidismo. El Poder Ejecutivo ha propuesto proyectos para que se elimine la consulta facultativa de constitucionalidad por parte de los diputados y, además, para que la inconstitucionalidad por la forma caduque a los 4 años l(recomendaciones de los notables).
 
¡Más claro no canta el gallo!
 
Federico Malavassi Calvo

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